La fotografía en gran formato siempre me ha parecido algo a lo que aspirar, el paso lógico tras el formato medio. Fotografía lenta, minuciosa y precisa. Encuadre, enfoque, corrección de la perspectiva… Más que una forma concreta de trabajo, parece una filosofía de vida.
Hay un grupo de fotógrafos que no sólo se contentan con negativos de 4×5 ó incluso de 8×10 pulgadas (aproximadamente 9×10 cm y 20×15 cm, respectivamente) y van más allá y llegan incluso a las 20×25 pulgadas, utilizando cámaras que en muchas ocasiones necesitan ruedas para desplazarse.
Como creo que sobran las palabras, aquí dejo algunas imágenes de ellos y la web del colectivo en la que se pueden encontrar sus obras:
Josef Hoflehner es un fotógrafo austriaco nacido en 1955. Ganó el Nature Photographer of the Year 2007.
Al contemplar sus imágenes, nos vienen a la cabeza palabras como quietud o silencio. Esto es debido a sus largas exposiciones, a su blanco y negro de alto contraste, pero con la suficiente cantidad de grises y de detalles, el cuál resulta delicioso. Un gran maestro, de la escuela de Michael Kenna.
En la era de la fotografía digital, los retoques y los fotomontajes son de lo más habitual, pero no es algo que nos haya traido el pixel, es algo que se lleva realizando desde hace mucho tiempo. En este caso, nos remontamos a hace más de 150 años, a mediados del s. XIX.
Henry Peach Robinson (1830-1901) abandonó la pintura para dedicarse a la fotografía. Se podría considerar como uno de los pioneros del pictorialismo fotográfico, estando muy influenciado por la pintura romántica, especialmente por Turner, según figura en sus cartas.
Su obra más conocida es “Los últimos instantes” (1858). En esta imagen, Robinson realiza un fotomontaje a partir de 5 negativos, realizados con la técnica del colodión. Resulta una imagen dramática, en la que una joven agoniza por culpa de la tuberculosis. A pesar de ser una imagen minuciosamente preparada, es capaz de transmitirnos una historia, como si de una instantánea se tratara.
Tenía ganas de comenzar con una serie de homenajes a grandes autores dentro de la fotografía y, por qué no, del arte en general. En esta ocasión me gustaría dedicar este espacio a la gran fotógrafa inglesa Julia Margaret Cameron (1815-1879).
Perteneciente a la sociedad inglesa victoriana, comienza en la fotografía como hobbie a la edad de 48 años, cuando su hija le regala una cámara. Además, se relaciona con Oscar Gustav Rejlander y Lewis Carroll, de los que se cree que aprendió la técnica fotográfica.
Se centra especialmente en el retrato, los cuáles destacan por su expresividad y gran fuerza. No es de extrañar, que Charles Darwin la contratase para realizar sus retratos tras ver sus fotografías en una exposición.
También estaba muy interesada por las composiciones alegóricas y según cuentan las historias, utilizaba a sus criados como modelos, obligándoles a largas sesiones en las que, debido a las largas exposiciones que empleaba en sus fotografías, no se podían mover.
Se podría decir que las fotografías de Cameron tienen muchos defectos. Para sus detractores, su falta de limpieza (huellas, manchas, etc) y de enfoque significaban una carencia de las habilidades técnicas necesarias para conseguir buenas fotografías. Para mí, estas imágenes “imperfectas”, ligeramente movidas o desenfocadas tienen una fuerza expresiva increible. Sólo hay que pensar en que nos situamos a mediados del s. XIX, cuando la fotografía aún estaba en pañales y fotógrafos como Julia Margaret Cameron creaban auténticas obras de arte usando placas húmedas de hasta 30×40cm. Pero ella no buscaba la perfección de la imagen ni su realismo, sino sus cualidades expresivas y poéticas.
Me levanto y voy corriendo a la cocina a calentar agua para prepararme un té. Earl Grey esta vez. Mientras infusiona voy a ver las copias que anoche dejé lavándose en agua tras un corto, pero desagradable, virado al selenio. Cambio el agua y las examino. Demasiado claras, pero cuando se sequen comenzarán a oscurecerse, así que mejor que estén claras. Es curioso como cambia la percepción de un día a otro. No tienen puntos blancos ni otras marcas que denoten polvo en el negativo, lo cuál a veces resulta imposible evitar. El contraste también será el perfecto cuando se sequen.
El té está listo. A las copias sólo le faltan un par de cambios de agua para eliminar todos los residuos de los químicos. Después tocará pegarlas en los azulejos y justo antes de que empiecen a despegarse irán a una superficie horizontal paraterminar de secarse. Mientras me bebo el té y pico algo voy pensando en otras fotos para ampliar hoy.
La fotografía química tiene esa parte de artesanía que la hace especial. Es puro trabajo manual con el que estás en contacto directo con lo que haces. Para mí esa es la diferencia más importante con el mundo digital. No estoy en contra de las nuevas tecnologías ni de la fotografía digital ni nada de eso, simplemente me gusta más trabajar de esta forma. Lo digital ha traido muchas ventajas, miles de personas se han hecho fotógrafos de la noche a la mañana y han entrado en la vorágine de comprar las últimas novedades en cámaras, objetivos y otros productos. Modelos de cámaras que se actualizan cada año o dos años. Hay que tener lo último para obtener la máxima calidad.
Prefiero seguir aprendiendo con mis métodos tradicionales. Medir la luz tranquilamente con mi fotómetro de mano. Descubrir la combinación más acertada de película y revelador para según qué foto. Cómo se ampliaría mejor ese negativo y con qué papel y revelador quedaría mejor. Qué virado darle. Me parece que estos procesos casi arcaicos tienen mucho más valor. Cada copia es diferente a la anterior y única, aunque parta de un mismo negativo. Precisamente la fotografía digital nos está llevando a “los de los químicos” a que se vea nuestro trabajo más cercano a las bellas artes que a lo que hoy día se denomina “fotografía”. Quizá sea algo parecido a lo que pasó en el mundo del arte cuando apareció la fotografía. En cualquier caso, no creo que salgamos perdiendo.
A veces surgen iniciativas curiosas y geniales. Personas que disfrutan con la naturaleza y que encuentran en ella algo a lo que proteger y cuidar. Este es el caso de los “Amigos del Texu” (“amigos del tejo”), enamorados de estos árboles emblemáticos y monumentales. Para mí, uno de mis favoritos.
No es de extrañar que estos árboles fuesen considerados mágicos y sagrados por los Celtas y que posteriormente, durante la cristiandad, se plantasen cerca de iglesias, monasterios o lugares sagrados (o se construyesen éstos cerca de los tejos).
Así pues, dejo el enlace de estos “amigos del texu” como pequeño homenaje a ellos y su dedicación. Recomiendo también los enlaces de su web:
Estoy escaneando nuevas fotografías para actualizar la web. Espero subir todo lo antes posible e introducir alguna mejora en la página.
El proceso de escaneado es bastante cansino. Más que nada porque mi escáner no es muy bueno y resulta bastante difícil que las imágenes queden igual que las copias originales. Los blancos salen quemados, los negros demasiado oscuros. Además, debido a las dimensiones del monitor, las proporciones cambian y las fotos cuadradas se ven como estiradas.
Tenía muchas ganas de crear un espacio que fuese más dinámico dentro de El Libro de los Gatos, y qué mejor manera que crear un blog en el que poder añadir fácilmente noticias y novedades relacionadas con la web, nuevos contenidos, etc.
Espero que este lugar sea del agrado del visitante, al igual que el resto de la web, y que pueda generar un cierto interés en aquel que entre.